viernes, 1 de septiembre de 2017




     Al final todo se resume a echar de menos a la persona que amas os separen sesenta kilómetros o la minúscula caricia en tu espalda de sus pestañas. Entonces lo que la luz de las primeras horas del día dice de ti lo atestiguan los animales del bosque. También Jorge Boccanera: Entre el ojo y la mano hay un abismo. / Entre el quiero y el puedo hay un ahogado.







jueves, 31 de agosto de 2017




     Digo la luz que nos da calor y cariño, y os la propongo como forma de llorar a quienes nos quisieron y descansan ahora bajo un manto ancho de tierra húmeda. Digo la mañana después de una noche larga de inquietud y pesadilla; digo poesía y ojalá, sin necesidad de pronunciar una sola palabra, viviera entre nosotros.








miércoles, 26 de julio de 2017




Soy de los que, sentados a la mesa, miran frecuentemente una tajada en el plato y no la tocan. No siempre es el pedazo de comida más grande ni resalta por su buen aspecto pero, si desaparece, continúo mirando seria y perturbadamente el plato hasta que no tengo más apetito o recibo en el teléfono un mensaje de C. Lo primero que pienso antes de retirarme de los lugares donde se me quiere por lo que soy es: si, arrepentido vuelvo, si recuerdo y con el rabo entre las piernas regreso y ese trocito de carne sigue ahí, como el que sabe que un día pasará hambre y echará de menos ese puñado de artificio que no comió, tampoco esta vez seré yo quien lo coma. Es como si me causara un tipo de placer verlo ahí, solo y olvidado, deshaciéndose muy despacio, imperceptible sólo a lo largo de un tiempo del que no dispone, en el plato de la vida que a todos nos ha tocado y que a ninguno, estoy seguro, nos darán la opción de repetir. Y no sé si tiene mucho que ver, ni siquiera si habéis entendido lo que quiero decir pero, sigo defendiendo la idea de que no pueden ser amigos quienes vienen del amor.



*In a French Hallway, de la artista británica Liza Hirst. Óleo sobre tabla de madera.




viernes, 30 de junio de 2017




     Con lo bien que le quedaba soñar, el tiempo florecido, a espaldas de la tarde, pestañas sofocadas cual incendio provocado, o tormenta de verano, sólo ruidosa, apenas chubasco prometido: no le queda más que observarlas cansadas de mantener un inútil vuelo; ya se sabía que de tanto y tan pronto. Y la costumbre de convertir, oníricamente, el deseo en chicle indigerible; y va osado y se lo dice: te amo. Y ella disimula bien que le importara, como si todo lo que le importa es que él esté bien, al menos, pero mantenerle ahí, como los trenes, y luego está el cuerpo ahogado de Storni resistiendo el alma, escribe cuentos para ella misma / para sujetarse y en un hilo ni de leyenda ni de vitalidad espera multitud de aplausos. E ir, el niño bueno irá pero cuándo.




lunes, 12 de junio de 2017




A la hora de comer, recordaba con mamá aquella tarde de feria en que el motor de gasolina que servía para que funcionaran las luces del mítico puesto de libros, formó un gigante diablo de polvo; este levantó con tal fuerza hacia nosotros que temimos no vernos más, pero no nos lo dijimos: ambos preferíamos mantenernos en ese silencio del que da las cosas por sentadas. Era increíble cómo decenas de libros de todas las épocas y temáticas daban su tranquilidad por nosotros, volaban tan alto que hacía pensar, ocasamente, en los amores perdidos. A partir de aquella tragedia aparentemente inofensiva ninguna tarde de feria valió la pena.




viernes, 2 de junio de 2017




     Años y años de intratable melancolía, ojos henchidos -sólo cuando los ojos que saben mirarlo- de antivitalidad y desesperanza, el niño es azotado siempre por cosas contrarias a las merecedoras, impropias de estos parajes, de esta edad en que bien se disimula cualquier cosa haciendo apenas amago de abrir la boca. En cambio es maduro para su edad, y aquí una pequeña muestra de los amargos, por certeros, pensamientos que lo eluden de cualquier otra actividad matinalmente desamparada de amor y gozo: No sabemos porqué seguimos. Algunos, como yo, somos jóvenes, demasiado más jóvenes que otros. Acabamos acostumbrados al dolor y creemos, hasta que de pronto la definida línea en las costuras del alma supura un líquido intransigente, que nos hemos curado; ahora sonreímos porque nos hemos hecho creer a nosotros mismos hasta el fácil convencimiento que uno de los síntomas más claros de que hemos madurado es que hemos aprendido a mostrar alegría sin miedo delante de la gente que nos quiere, y así, cada vez con más frecuencia: no somos débiles. Decía José Hierro "Cómo puede ser bella / flor que tiene recuerdos". No puede, yo sólo soy un niño, te transmito mi sentimiento; yo no he elegido mi color, ni la forma que tiene el mundo de mostrarme el espíritu de las cosas inmateriales, ni mi ternura. Yo lo miro fijo, sé que en una de estas el niño saca la pistola y acaba conmigo, le conozco veinte y ocho años y no ha conseguido que me vuelva loco. Siempre es demasiado tarde para la locura, nunca para otra soledad ni otro abandono.




jueves, 25 de mayo de 2017




     Días hay y horas tempranas en que no te preguntas constantemente algo. Hay una cabeza que da vueltas / días como ferias que nunca debieron ser un acontecimiento. Hay un niño muerto, ¿un sueño que empezó demasiado tarde, o demasiado pronto? Hacía calor y las nubes pesaban, de tan cálidas, infame, niño vivo, insurgente con la gente que amaba. Hay un cristal como nubes que rompen en llanto de hipocresía, un hilo de sangre que sus amigos no comprenden porque no han visto. Y un cristal vacío de transparencia y de cuento.









martes, 23 de mayo de 2017




     Para hablar de la tarde en que la conocí me voy a lavar las manos y me frotaré los ojos con sumo afán. Habían prendido fuego a las casas viejas del barrio noble y los viejos del lugar andaban buscando culpables que dieran cuentas. Mi familia y mis amigos ya se habían despedido de los que a su vez creyeron siempre que nunca les faltarían y, como el que a falta de lo que siempre olvida lo tiene todo preparado, haciendo así con las manos entonaban aquello de Miguel Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío antes de dejarnos solos hasta hoy. Nos habían destituido y quedaríamos encantados con aquello: tú, con tu trabajo y la alegría de querernos; yo, con todos estos lagos y estos cuentos.




miércoles, 17 de mayo de 2017




     Y tu voz qué, y el color de mis mejillas cuando suena tu voz: el sonido de tu voz como las manos de una niña que acaricia su gato y su perro y no sabe que las guerras están ahí, afuera, que de pronto estallan y se derrumban catedrales altas y familias enteras. Mamá dice que le parece muy bonito lo nuestro y que desea con ganas que sea duradero; esta mañana entonó un ¡Oh, qué bonito es el amor! cuando me escuchó hablar contigo por teléfono. Ya había amanecido cuando, una violenta tormenta inesperada cruzó los cielos de Almagro. Salí a llevar a mamá al trabajo, árboles han quedado sin fruto y niños piden por favor ir acompañados al colegio.







     Estar sentado en esta piedra, al borde de la cama, pensando; estar sentado en este duro trance que toda relación de amor conlleva. En alguna parte alguien sostiene su corazón entre las manos mientras piensa en una mujer que sólo defiende su plato de comida. Antonio Colinas, el poeta viajero, se pregunta: ¿Recuerdas nuestras manos en el agua?
   Estar sentado en esta piedra, cariño mío, abrazarte con mi voz cuando mi cuerpo no alcanza. Siempre habrá un momento como este. Siempre estar sentado en esta piedra, al borde de la cama; tener escritas -a veces publicadas- unas pocas líneas para cuando enseñes al mundo la maravilla de tus ojos dorados.